Entre libros y preguntas
Sin duda existen muchas cosas que adoramos una de ellas el verano. Esta época puede ser una de las mejores si tienes amigas, tienes novio o tienes simplemente ganas de pasarla bien.
Aquellos días de verano fueron inolvidables, el simple hecho de escuchar el trinar de las aves, que revoloteaban por la ventana empezaba el aviso de que la mañana ya estaba en pie, esbozando una tierna mirada a la mañana, dejar que el cuerpo se despierte con un buen vaso de naranja preparado en el momento, reviso la bandeja de entrada y encontrar mails de la persona que mas adoras.
Después de ese momento aparecía todo lo que tenía que hacer, cosas por aquí y cosas por allá, y todo se convertía en algo secundario.
El trayecto se convertía en algo infinito, no veía la hora de llegar, las largas cuadras y calles eran un desierto, casas, autos y gente se convertían en algo abrumador; pero al sentir la leve brisa… mi mente y mis sentidos sabían que en ese momento… estaba cerca. Unos cuantos pasos faltaban para llegar, el sol se asomaba cada vez más y con sus tibios rayos cambiaban el color de mis mejillas, una pequeña fuente abría paso al lugar esperado. Al entrar sentía que todo era fantasioso que no era otra cosa que un viaje que recién empezaba, pasaban las horas mis voces decían que faltaba poco tiempo para ese momento.
Salía a la luz y con aun la sonrisa en los labios esperas que se asome, paciente la espera brinda sus frutos y ahí estaba pidiendo un café, la emoción y el miedo se apoderan pero no puedes dejar de lado la seguridad, sólo queda comprar algunas rosquillas y buscar una silla para retomar la lectura. Los minutos fueron lentos e inolvidables, se convertía en todo nuevo lo que pasaba enfrente de mi, cada sorbo y gesto de manos eran captados por mis sentidos… Maravillados y anonadados de algo ya visto, de la forma más sencilla los instantes eran eternos. Ni la risa y voces dejaban a la distracción, parecería que solo existía él. La lectura se convertía en algo apasionante, el amigo recibía una vez más una carta y este le contaba todo lo que pasaba en el viejo mundo. Aquellas cartas que escribía cada noche con tanta ternura y que cada noche guardaba con tanto misterio, aquellas cartas que despertaban a la luz cada día y que morían cada noche y que nunca llegaron a su destino. Siempre fue así, pura inspiración, rebosantes sentimientos y algo que lo retenía. Pensaba que era la única persona a la cual podía querer con alevosía, que tan solo con saber de su existencia hacia que el mundo se iluminará y con cada mirada el mundo estallaría. Ahora el tiempo pasó y solo queda el recuerdo, muchos años pasaron, tropiezos, quejidos y llantos quedaron en el pasado, dejaron una profunda huella al desprenderme de aquello que nunca quise alejarme y que el destino se encargó de hacer.
El camino de regreso a la vida empieza y ya no me deja esa sensación extraña la desazón e incertidumbre, si no esa estabilidad y tranquilidad de la cual estaba sintiendo falta.
Había pasado pocos meses de los que en anónimo se habían quedado para mí, se le notaba más alegre, con el mismo aire de siempre de seguridad.
La biblioteca esta cerca y hay una interrogante que consultar navegando por el mundo informático, encuentro cosas interesantes; pero una voz gruesa y grave se escucha en el mostrador.
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